El Partido Liberal Mexicano, o PLM, surgió a principios del siglo XX como un movimiento revolucionario inspirado por el ingeniero Camilo Arriaga. Para 1905, ya se había consolidado como una fuerza organizada que llamaba abiertamente a la revolución contra el régimen de Porfirio Díaz. A través de su periódico Regeneración, el PLM criticaba la dictadura de Díaz y abogaba por la justicia social, la reforma agraria y los derechos de los trabajadores.
Como resultado, sus miembros fueron perseguidos, entre ellos Juan Sarabia, quien fue arrestado en 1907 y encerrado en la prisión de Belén. Fue acusado de asesinato, robo, insultos al presidente y rebelión, cargos típicamente falsos que el régimen utilizaba para silenciar a los disidentes.
Negó los tres primeros cargos y se defendió con pasión. Pero quiero compartir con ustedes sus palabras sobre el cargo de rebelión, porque siguen resonando en los tiempos que vivimos hoy en Estados Unidos:
"Mientras la república sea un hecho, mientras las venerables instituciones democráticas permanezcan inviolables, mientras la majestad de la ley no sea ofendida, mientras las autoridades cumplan con su elevada misión de velar por el bien y garantizar los derechos de los ciudadanos, la rebelión será un crimen perfectamente punible que nadie podría justificar;
pero cuando la república es un mito, cuando sus instituciones están inicuamente desgarradas, cuando la ley sólo sirve para la burla del despotismo, cuando la autoridad ha sido despojada de su carácter... la rebelión no debe ser un delito político castigado por el código penal, sino un derecho concedido a los oprimidos."
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