Ayer
, 22 de febrero de 2026, las Fuerzas Armadas Mexicanas — actuando con inteligencia proporcionada por Estados Unidos — llevaron a cabo un operativo militar que resultó en la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, una de las organizaciones criminales más poderosas y violentas del país.
En respuesta, miembros del cartel reaccionaron quemando vehículos, bloqueando carreteras, incendiando negocios y aterrorizando a civiles, generando caos en varias regiones.
Podemos reconocer lo que esto representa: la eliminación de un actor criminal de alto perfil.
Pero también debemos entender el contexto más amplio.
Hace apenas unos días publiqué un artículo titulado La Ilusión de la Asociación: Cárteles, Control y el Poder Estadounidense. El punto era claro: cuando Estados Unidos ofrece ayuda en América Latina, esa ayuda rara vez llega sin condiciones.
La historia muestra un patrón: una rama de olivo en una mano y un cuchillo en la otra.
Sí, la inteligencia estadounidense contribuyó a este operativo.
Pero también es cierto que Estados Unidos no ha logrado frenar de manera significativa el flujo ilegal de armas y municiones hacia México.
Según datos de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de Estados Unidos (ATF), la mayoría de las armas rastreadas recuperadas en México tienen origen en Estados Unidos. Esas armas alimentan la violencia que hoy vivimos.
También debemos ser realistas sobre lo que viene.
La muerte de un líder criminal suele generar vacíos de poder.
Los vacíos de poder generan fragmentación.
La fragmentación genera más violencia.
La inestabilidad será utilizada para impulsar una narrativa: que México está perdiendo el control, que MORENA no puede gobernar, que quizá la intervención externa sea “necesaria”.
Eso no puede permitirse.
La intervención estadounidense en América Latina históricamente ha priorizado intereses estratégicos y económicos sobre la soberanía de los pueblos. México debe mantener el control soberano de sus decisiones en materia de seguridad.
Sí, podemos reconocer esto como una victoria táctica.
Pero quédense truchas y truchas.
Porque la geopolítica nunca viene sin hilos.
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